AGUSTÍN B. ELIZALDE (1901-1956)

ElizaldeAgustín Gabriel Bonney Elizalde, nació el 2 de junio de 1901, en la ciudad de Biarritz (Francia). Sus padres fueron  Francisca Elizalde y Pierre Bonney. Ellos, tuvieron un amor, una fe y una piedad muy sólidos que supieron transmitir a sus hijos.
Descubrió a Dios que lo amaba, para algo más… Le exigía una respuesta a la edad en que todo era pregunta. Su mirada de niño empezó a descubrir, en la profundidad del mar, las maravillas de la creación. Dios lo llamaba como llamó a los grandes hombres de la historia: en el silencio de la naturaleza, en la suavidad de las playas.
Entre ese cielo y ese mar, estaba él parado frente a Dios, para dar su sí e introducirse en la inmensidad del Creador. En ese ambiente casi místico en 1912 hizo su primera comunión. En 1913, ingresó en el colegio-seminario menor San José de Hasperren para iniciar sus estudios eclesiásticos. Ese mismo año, su familia se trasladó a Lourdes. Allí, su padre comenzó la construcción del Hotel L’Europe.

 

  • Poco después se desató, en 1914, la Primera Guerra Mundial.
  • El 20 de diciembre de 1924 en la majestuosa catedral Santa Cecilia de Albi fue ordenado sacerdote.
  • Sus superiores lo destinaron al orfanato San José de la ciudad de Tarbes.
  • Se hizo eco de los sin palabras, de los más pequeños, de los más humildes, para acercarlos a Dios con valentía y con dulzura.

Gran número de jóvenes vascos, emigraron a la Argentina en procura de nuevos horizontes.
Algunos  mantenían correspondencia con el padre Agustín a quien  le transmitían la necesidad de sacerdotes.
Entre ellos figuraba el padre Ramón Elgart quien insistía en la necesidad de misionar… misionar… en la Argentina, instándolo a emprender su viaje a estas tierras, para desarrollar su apostolado.

 El 22 de marzo de 1928 el Padre Elgart lo recibe en Buenos Aires y lo lleva de inmediato a Concordia, Entre Ríos, a la parroquia de San Antonio donde Monseñor Julián Martínez, lo nombra Vicario Parroquial. Es aquí donde decide adoptar el apellido Elizalde para facilitar  la pronunciación

En ocasión de la visita a Concordia de monseñor Alberti, arzobispo de La Plata, se estableció inmediatamente una corriente afectiva entre los dos sacerdotes y el obispo; a tal punto que les ofrece radicarse en esa ciudad y servir el padre Elgart, en el recientemente creado seminario San José, y el padre Elizalde como secretario privado de monseñor Chimento, quien era su obispo auxiliar.

Desde 1929 hasta 1931, año de su llegada a Ciudadela, vivió intensamente su ideal misionero; ya fuera acompañando en sus giras al obispo, o predicando retiros en las parroquias y comunidades religiosas, manifestando cada día su capacidad de organizador y sus cualidades de eximio orador sagrado

Al mismo tiempo, se desempeñó como confesor en varias casas religiosas; fue capellán de un coro y maestro de ceremonias en la catedral.

Solía desempeñar su propia «misión», ya que aprovechaba, para ejercitar la caridad fraterna con sus hermanos sacerdotes que se hallaban en pueblos alejados de los centros urbanos y, en consecuencia, estaban más expuestos a los peligros de la soledad y el aislamiento.
Él les acercaba su palabra de aliento y los instaba a redoblar los esfuerzos en su tarea evangelizadora.

El 2 de agosto de 1931 el padre Elizalde tomó posesión como párroco de Ciudadela.

elizalde_02Con la humildad que lo caracterizaba en su discurso-homilía dijo: … a cada uno de los sacerdotes, dice el apóstol san Pablo: «soporta el trabajo y la fatiga…» Pidan, cristianos, en sus oraciones, que mi vida entre ustedes sea el viviente comentario del consejo del apóstol… Pidan que no traicione jamás la solemne promesa que hago de ser de ustedes, incondicionalmente de ustedes.

En 1938 se inauguró Santa Juana de Arco El padre Elizalde decía a sus colaboradores:
La Iglesia, casa de Dios y casa vuestra, para ser más querida debe ser algo así como el producto de vuestros sacrificios, porque a vuestros ojos, las cosas valen lo que cuestan.
Es necesario que podáis decir a vuestros hijos y a los hijos de vuestros hijos «¿ven esa iglesia? nosotros éramos muy pobres cuando se edificó, sin embargo, dimos algo para que fuese más nuestra y vuestra».

Algunos hitos de su acción pastoral:

  • 19 de marzo de 1936: Funda el “Hogar San José”  bajo la dirección de las Hermanas Azules.
  • Comienzan a crearse las diferentes capillas y centros pastorales: San Antonio de Padua, Santo Cura de Ars (hoy parroquia Santa Sinforosa), Nuestra Señora. de Fátima, Santo Cristo, Nuestra Señora de Lourdes y Monte Carmelo.
  • Diciembre de 1941: “Primera Asamblea Arquidiocesana de la J.O.C.”. Se reúnen 5000 jóvenes aclamando a Cristo Obrero.
  • Por esos años nace en Ciudadela la “Escuela de Dirigentes Obreros”, elogiada por el fundador de la J.O.C., card. Cardijm, y considerada “Cenáculo de la Juventud Obrera Católica en América Latina”.
  • Se funda la A.C.A.
  • Se crea el Seminario Catequístico “San Agustín”.
  • Se realiza la Primera Semana Social para Obreros.
  • En Octubre de 1940 se lleva a cabo la Primera Semana Litúrgica de Ciudadela.
  • En 1946 tuvo lugar el “Congreso Vocacional Arquidiocesano”

Fruto de todo su ardor pastoral y amor y preocupación por la Iglesia funda el 15 de agosto de 1951 a los Oblatos Diocesanos y en 1956, un 11 de febrero, a las Oblatas Diocesanas.

El 2 de agosto de 1956 cumplía sus bodas de oro como párroco de Ciudadela y la ciudad se preparaba a festejarlo con el júbilo y la alegría que inspiraba su presencia.
El 31 de julio, en el salón parroquial, se iniciaba el programa. El sábado 4 de agosto a las 23.30 horas, en ese mismo salón que había sido testigo de grandes acontecimientos, el Padre Agustín reclinó imprevistamente su cabeza. Gran conmoción. El Santísimo Sacramento fue expuesto las 24 horas. El domingo 5 se le administró la Unción de los enfermos a la una y Mons. Antonio Plaza, Arzobispo de la Plata, le dio la bendición papal.
El 15 se agravó notablemente y el 17 de agosto de 1956 falleció en el Sanatorio de la Pequeña Compañía de María.
Su muerte prematura fue también un testimonio de su confianza en Dios, porque demostró que lo hecho por él no era de él,  sino de Dios y para Dios.
La Iglesia fue su madre amorosa, su parroquia su desvelo y su fundación, su continuación…

EL TESTAMENTO DEL PADRE

Este es mi testamento

Yo Agustín Gabriel Bonney Elizalde, indigno Sacerdote de Jesucristo, declaro que esto es mi testamento, el cual lo redacto sano de espíritu y gozando de mi entera libertad. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y de María Santísima, mi Madre Amén. Una sola pasión permanente ha dominado y orientado mi vida: un amor entrañable, indefectible a la Santa Iglesia de Dios, que lo es la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. A todo lo que ella enseña, adhiero ciegamente, y si en tiempos de persecución o de enfermedad, por drogas, malos tratos, o debilidad de la carne me hicieran decir cualquier cosa en contra de esta filial adhesión a mi Madre la Santa Iglesia, la cual nos habla en nombre de Jesucristo, o en contra de la moral, téngase por absolutamente nulo.
Siempre he amado a Dios nuestro Señor, a la Santísima Virgen (especialmente bajo sus advocaciones de Nuestra Sra. de Lourdes y de Nuestra Sra. de la Asunción), a San José, a mi Ángel Custodio, a San Agustín mi Patrono, a San Francisco de Sales mi Maestro, a San Esteban Patrono de los Oblatos Diocesanos, a Santa María Magdalena, Patrona de las Oblatas Diocesanas, al Vicario de Jesucristo sobre la tierra, a mis Prelados, a los Sacerdotes mis hermanos, a los seminaristas, a mis familiares, parientes y amigos. En los últimos años de mi vida amé también entrañablemente a mis dilectos hijos los Oblatos Diocesanos que nacieron el 15 de agosto de 1951 y a las Oblatas Diocesanas que nacieron el 11 de febrero de 1954.
He amado a todos los hombres, de toda raza, de toda religión, de todo ideario político. Pido perdón a los que he ofendido, a los que he escandalizado. Declaro haber perdonado siempre y amado siempre en el Señor a todos los que me hicieron sufrir con sus calumnias o de otra manera.
A todos aquellos que tuvieran conocimiento de mi fallecimiento les suplico ofrezcan por mi todos los sufragios que en su caridad les dicte.
Me entregué a mis feligreses. Los amé mucho, pero especialmente a los más pobres, a los más humildes a los que no conocían a nuestro dulce Salvador. Les suplico por lo que más quieran, formen un solo corazón, dentro de los corazones de Jesús y de María, y tengan por único negocio importante la eterna salvación de su alma. Que sean muy sumisos a mis sucesores y adhieran a ellos como al Cristo visible. Que la Junta Parroquial siga actuando siempre como lo hizo conmigo: en unión perfecta. Si no hice más por mis feligreses es porque no he sabido o no he podido. A veces me faltó tiempo y otras las fuerzas flaquearon.
A las diversas comunidades Religiosas que me ayudaron tanto, quiero agradecer de verdad con una mención especialísima hacia las Hermanas de la Inmaculada Concepción de Castres.
A las Oblatas Diocesanas y a los Oblatos Diocesanos, hijos e hijas de mis entrañas, les dejo estas muy especiales consignas: Que crean en el Amor. Que la caridad que fue siempre su nota dominante lo siga siendo. Que se aparten de la comunidad a los que no progresan visiblemente en esta materia. Que al destinar Hermanos o Hermanas, los destinen siempre a los lugares más abandonados, más pobres. Vayan con santa alegría y total abandono a la Providencia allá donde otros no pudieron o no quisieron ir.
A mis hijos de San Esteban que recojan especialmente nuestro actual espíritu y lo hagan triunfar en todas nuestras casas, especialmente en las de formación. La verdadera caridad, que es humildad, entrega, alegría, sea el norte de toda su vida, cerca de los Oblatos y las Oblatas. A todos y a cada uno de ellos he querido amar siempre como una madre sabe amar. Les pido perdón de tantas y tantas deficiencias mías, de todo mal ejemplo que haya podido darles. Mucho cuento con ellos para que el Señor me haga misericordia. Por mi parte pasaré mi eternidad ocupándome de su santificación y de su multiplicación ya que mi pobre corazón quedó siempre oprimido al pensar en el abandono en que viven tantas almas, especialmente en nuestra América Latina.
Doy fe, a ocho días del mes de julio del año del Señor de mil novecientos cincuenta y cinco.

Firmado: AGUSTÍN B. ELIZALDE
Vicario Foráneo de Santa Juana de Arco

Director General de los Oblatos Diocesanos y Oblatas Diocesanas


Libro Padre Agustín B. Elizalde “Un amigo de Dios y los hombres”

Tapa y contratapa del libro:

tapa-libro-padre-elizalde

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elizalde_03Oración al Padre Agustín B. Elizalde

Señor Dios omnipotente
que has querido
hacer resplandecer tus maravillas
en las virtudes de tus hijos los hombres,
te pedimos por tu servidor
Agustín, sacerdote.
Al mismo tiempo que te suplicamos
le des el descanso eterno,
haz brillar entre nosotros sus cualidades.
(Pídase la gracia que se quiere obtener)
Que sus virtudes sean ejemplo
para todos aquellos que desean
serte agradable.
Que la caridad cristiana,
intensamente practicada por tu servidor,
nos sirva de ayuda para vivir más
la unidad entre todos los que creemos en Ti,
solo Dios verdadero.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Padrenuestro – Ave María – Gloria

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