INSTITUTO SECULAR OBLATOS DIOCESANOS
El Instituto Secular Oblatos Diocesanos fue fundado en 15 de agosto de 1951 por el Pbro Agustín Gabriel B. Elizalde y es fruto del corazón de un sacerdote preocupado por la realidad de América Latina y su urgente necesidad de evangelizadores idóneos, que ayudando al clero secular, puedan ser en medio del mundo  verdadera imagen de Jesús resucitado en las realidades cotidianas.
El día de la fundación, comenzaron su formación tres jóvenes. Al mes siguiente se agregaron otros dos.
La ceremonia se celebró en la parroquia Santa Juana de Arco en Ciudadela, con la  aprobación del arzobispo de La Plata, Mons. Tomás J. Solari. El arzobispo miró siempre con amor y esperanza la obra, y seguía de cerca los esfuerzos que se realizaban.
Así fue el inicio de nuestro instituto. Luego iría creciendo de la mano de la Iglesia, se iría aggiornando y tomando nuevos perfiles de acuerdo a las nuevas exigencias de la Iglesia y estando atentos a los cambios del mundo, que exigían respuestas concretas de un instituto secular fundado con un carisma tan específico como el nuestro.

EL CARISMA
La recién fundada obra comienza a perfilarse con su carisma específico: La Oblación y la Diocesaneidad. Y la novedosa obra del Padre Elizalde comienza a cruzar las fronteras: había sido fundada para toda América latina. Así comienzan las fundaciones en Chile primero y después en Paraguay, Bolivia, Brasil, Uruguay, comenzando su propagación por el resto de América latina. Es por todos loada la obra y su fin. La idea del Padre Elizalde toma fuerza y son muchos los que se inclinan por la consagración secular…

LA ESPIRITUALIDAD
Cuatro notas características de los Oblatos Diocesanos 
Entre las prerrogativas o derechos de los fundadores, que hacen también al carisma de la fundación, está la espiritualidad propia y determinada que quiere dar el fundador para sus miembros. Esto es: los medios comunes para llegar mas eficazmente a la santificación a través de normas de conducta, costumbres, disciplina, consejos, etc.; que conforman la mística propia y que se debe adecuar a los tiempos, regiones y personas para así facilitar y no entorpecer su expansión espiritual y apostólica.
Es en este marco que debemos considerar las notas características que el Padre Elizalde legó a su Instituto Secular. Se trata de un medio de santificación, al mismo tiempo que significa una característica propia, no excluyente para otros, de su instituto. No significa que son esas las únicas virtudes o cualidades que desea el fundador para sus miembros, sino que expresa el deseo del Espíritu, que habla por su boca, de que esas virtudes, características o notas no pueden estar ausentes de quienes deseen reclamarse hijos de su instituto.
Fundamentos:
No es necesario que argumentaciones de orden teológico sean expuestas para dar razón de las notas características. Generalmente son grandes líneas de la iglesia las que están involucradas en estas normas. Por ejemplo: espíritu misionero, amor a los pobres, caridad con los desvalidos, los niños, los enfermos, etc.
Es allí, en la visión de las virtudes teologales y en el espíritu de la Iglesia de cada tiempo, que debemos encontrar los recursos fundamentales de las características o notas distintivas de cada instituto. Así lo han manifestado los mismos fundadores en todas las épocas: san Agustín, san Francisco de Asís, santo Domingo, san Ignacio, san Juan Bosco, Charles de Foucauld, para no citar a otros muchos.
El mismo Padre Elizalde cuando habla de las notas características para los miembros Oblatos Diocesanos, no profundiza tanto la argumentación del porqué sino, que le interesa más el cómo.

Caridad
La caridad no es una característica peculiar, sino indispensable de todo cristiano que aspire a la santidad. El fundador desea una caridad más intensa para con los sacerdotes, los pobres en lugares abandonados y los necesitados de Dios. También sabemos que hay «grados» en la práctica de la virtud y debemos creer que el Padre Elizalde pide que se cultive en «sumo grado» esa virtud en su instituto. Tal el motivo por el que hace notar especialmente su deseo.
La caridad es el fundamento de la santidad y de toda vida cristiana y puede ser ayudada por otras virtudes morales y cualidades humanas que harán mas completo su contexto y éste es el motivo de las otras tres notas características que el fundador nos ha legado. Todo está resumido en la caridad, no obstante para obtener un mayor éxito en el desarrollo de la virtud, añade otras notas que ayudan en el cultivo, a su plenitud.

Humildad
Sabemos que el rol de ser «misioneros en el mundo» en dependencias de obispos y sacerdotes exigirá muchas veces la abnegación total y saber vivir en lo obscuro de las realizaciones apostólicas. Corrientemente decimos «estar en segundo plano» y pasar, a ejemplo del Maestro, haciendo el bien, sin que se nos considere. La humildad es preciosa auxiliar de la caridad, para ubicarnos en el lugar que nos corresponde con respecto a nosotros mismos.  El evangelio está impregnado  de esa dulce humildad de Jesús, que desde la Encarnación hasta la Resurrección significa el himno perfecto de obediencia al Padre, en el amor por los hombres. Debemos amar y cultivar la humildad a fin de hacer más eficaz nuestra vida apostólica.  No puede haber verdadero amor a los sacerdotes y a los pobres, sin un grado elevado de humildad.

Espíritu de Sacrificio
No se trata de sufrir o padecer, sino de la capacidad de obtener un auténtico ESPÍRITU DE SACRIFICIO.  Significa capacidad de amor, de trabajo, de cumplimiento abnegado de vida apostólica en medio del mundo, a imitación de Cristo, que fue sacerdote y víctima por su amor al Padre y a los hombres, que se inmoló en el sacrificio supremo como holocausto agradable a Dios.
Sin estos conceptos, nuestro propio sacrificio y nuestra propia inmolación, no sólo pierden su valor espiritual, sino que no son ni dignos, ni razonables y, quizá se pueda afirmar que son nocivos, porque significan un aspecto puramente negativo, sin la realidad sobrenatural, que los motiva rectamente. Sacrificio quiere decir también «hacer lo sagrado».  Nuestra vida consagrada y apostólica es inminentemente «consagración de toda actividad y todo ser».

Alegría
El misterio de la redención ha traído a los hombres la luz de la esperanza. No somos «condenados al infierno» sino llamados a ser «hijos de Dios Padre». En consecuencia la esperanza se traduce de diversas maneras para los cristianos. Entre esas maneras una muy humana y no exenta de riqueza espiritual es la alegría. Característica que los santos cultivaron como una virtud conexa a la caridad y a la esperanza. La alegría nos abre un horizonte de serenidad y paz que hace al mensaje de salvación. Por otra parte la mayoría de los hombres desean y buscan el testimonio de la alegría del hombre de fe y del consagrado a Dios, para así tener un motivo de comenzar a creer…
El que vive intensamente la caridad teologal, no puede menos que emanar de su vida diaria dosis de alegría que realiza en los hombres el benéfico efecto de motivar la fe y hacer llevadera una vida que les es dura por su creación.

CONCLUSIÓN
Cuando hablamos de las notas características de los Oblatos Diocesanos, nos damos cuenta que son todo un programa de vida.  Que cada nota se va concatenando una con otra para hacer un todo que no se puede separar. Todas son fruto de la caridad. Todas son realidad de una misma consagración. Todas integran al hombre a Dios. Finalmente debemos reconocer que nuestro fundador, al darnos esas cuatro notas, nos dio la realidad, en su esencia misma, de la fundación. No se trata de seguir o dejar. Es indispensable vivir esas notas que son las características carismáticas de nuestra obra.

EL OBLATO DIOCESANO HOY
El mundo necesita ver, en los signos que distinguieron a Jesús, la Verdad misteriosa de su presencia. La Iglesia está para eso.
Y en ella, tocados por una vocación y carisma particulares, está el Oblato Diocesano, que profesa un estilo de seguimiento de Jesús que lo anima a expresar radicalmente, como el mismo Señor, los valores esenciales de la pobreza, de la obediencia y de la castidad. Incluye renuncias más profundas: no poseer, dar sentido a la libertad en la obediencia, mantener el corazón dado a Dios y a la misión sin reservas. Al modo de Jesús, imitándolo en un seguimiento estrecho. Y toda esa realidad sobrenatural, el Oblato Diocesano, tiene que vivirla en el amplio campo de la secularidad. En el mundo, y con todo lo que significa.
Nuestro carisma hoy es más actual que nunca. El evangelio debe ser proclamado en todos los ámbitos, con la palabra y el ejemplo. Y allí radica la delicada vocación del consagrado secular: en el mundo del trabajo, de las comunicaciones, de la salud, de la educación, la promoción social, la política, la familia…
Estos son los lugares en donde el Oblato Diocesano debe ser luz, sal y porque no signo de contradicción.

“El Espíritu ha suscitado en nuestro tiempo este nuevo modo de vida consagrada, que representan los Institutos Seculares, para ayudar de alguna manera, a través de ellos, a resolver la tensión entre apertura real a los valores del mundo moderno (auténtica secularidad cristiana) y la plena y profunda entrega del corazón a Dios (espíritu de la consagración). Al situarse en pleno foco del conflicto, dichos institutos pueden significar un valioso aporte pastoral para el futuro y ayudar a abrir caminos nuevos de general validez para el Pueblo de Dios”. (Puebla 775)